martes, 14 de noviembre de 2017

El final del moderantismo

Narváez y la alternativa moderada 1856-1857

La reina llamó a Narváez a finales de 1856. Su primera medida, como era de esperar, fue restablecer en toda su integridad la Constitución de 1845 sin el Acta Adicional abriendo una etapa moderada hasta 1857.
Por ello, Narváez eliminó la labor política del Bienio y retomó el Concordato de 1851 suspendiendo la desamortización. También reavivó la legislación moderada de ayuntamientos y diputaciones, la ley de imprenta, los consumos... y el sistema electoral moderado. Es decir, reimplantó todo el sistema político doctrinario moderado.
Convocó elecciones a Cortes en 1857 y, como era lógico, ganó. Con las Cortes a su favor, aprovechó para proponer un proyecto de reforma del Senado en el que, además de incluir a los Grandes de España introducía el Senado vitalicio para algunos senadores. Es decir, en esta etapa, los moderados se afianzaron en el poder.
En este período fue importante la Ley Moyano de 1857. Esta medida legislativa determinaba que los municipios de más de 500 habitantes debían levantar dos escuelas primarias, una para niños, y una para niñas, pero  con los fondos municipales.
A consecuencia de ellos, no se cumplió porque muchos pueblos no lo hicieron y porque los maestros, que vivían del sueldo de los ayuntamientos, cobraban tarde y mal.




5- La Unión Liberal. 1858-1863
En 1858 O´Donnell volvió al poder y se inició el Gobierno Largo porque fue el gobierno más largo del siglo. El general creó una nueva formación política: la Unión Liberal que, a pesar a su apariencia, no era un partido de centro, sino la unión de progresistas resellados y de moderados oportunistas. Pese a este carácter aglutinador, basculó hacia la derecha.
Los militares que lo formaron fueron Serrano, Topete, Prim, etc. además de políticos civiles que luego fueron protagonistas de la vida política como Cánovas del Castillo.
El gobierno buscó el progreso material del país, para lo cual retomó medidas como la desamortización (tras el breve paréntesis de los gobiernos moderados de 1856-1858) pero de sólo propiedades de los municipios. De la misma forma, acometieron un paquete de medidas que racionalizasen y modernizasen la administración pública y que la centralizasen, en aspectos tan importantes como el notariado y las hipotecas, como la descentralización administrativa, la libertad de imprenta con jurado, la Ley de Asociación de 1861 para la cuestión obrera... Es decir, medidas de un cierto aperturismo.

- Actividad legislativa: doctrinarismo y restablecimiento de la Desamortización.
No obstante las medidas progresistas antes citadas, los unionistas pasaron a desarrollar algunas medidas complementarias de las anteriores, pero dotadas de un cierto conservadurismo.
Como elemento complementario de la legislación progresista desamortizadora, destacamos, junto con la Ley Hipotecaria de 1861, la creación del cuerpo de Ingenieros de Montes, la regulación de la carrera fiscal y la de cuerpos docentes que se habían establecido en la Ley Moyano de 1857, fue la Ley del Notariado de 1862, que iba a regular un oficio administrativo elemental en el Estado, como es la figura del notario. 
En virtud de esta medida, los notarios pasaron a estar regulados en una doble naturaleza, como funcionarios públicos (ya que se accedía al cargo mediante un concurso-oposición, que los sustraía de la voluntad cambiante de las autoridades designadas por la Corona,) y como profesionales liberales. Además, el notario iba a ser designado por la Corona, por lo que la autenticación de las propiedades pasaba a estar regulada por la más alta institución del Estado. Así pues, observamos un proceso de racionalización de la figura del notario, pero, también, de centralización.
Un elemento muy importante a tener en cuenta es recordar que, con esta medida, se pasaba a poner orden en una actividad esencial que se estaba desarrollando, y que era dar fe de los procesos de cambio de titularidad de un bien, dentro de las desamortizaciones consecuencia de la ley general de Madoz de 1855, que los unionistas iban a restringir a los bienes municipales (como posición ideológica intermedia entre los progresistas y los moderados). Pero, sobre todo, restableció en 1858 la desamortización de Madoz (aunque excluyendo los bienes de la Iglesia hasta que se pacta con Roma en 1860).
Además de todo lo dicho, O’Donnell continuó la fiebre de la construcción ferroviaria, así como de los ensanches urbanos en las grandes ciudades. Eran leyes y medidas en las que se notó el doctrinarismo moderado porque dificultaba la concesión de licencias de construcción y apertura de líneas, aunque se retomara la desamortización. Como consecuencia:
- Consecuencia: nuevas insurrecciones
Las fuerzas políticas situadas fuera del sistema, los carlistas y las masas populares, se rebelaron. Los carlistas, con Carlos Luis de Borbón, Conde de Montemolín (Carlos VI), se desembarcaron en La Rápita. Sin embargo, ya estaban muy debilitados porque estaban divididos, a la muerte del pretendiente, entre la rama de su hermano don Juan, que renunció a sus derechos en Isabel II, y la de don Carlos, hijo de don Juan, Carlos VII, más radical (porque incluso aceptó el Syllabus anti-liberal de Pío IX). Éste último fue el que protagonizó la siguiente guerra carlista.
Las medidas doctrinarias provocaron el estallido de revueltas populares en 1857 y en 1861 (en Loja donde, amparándose en la doctrina republicana, llegaron incluso a pedir el reparto de tierras).

- Política exterior

Hacia los años 50, la actividad política española se había apartado de las cuestiones internacionales para centrarse en la construcción del Estado Liberal, pero con el gobierno de la Unión Liberal, relativamente estable, se pudo pensar en recuperar el prestigio internacional, aunque no se hizo de forma calculada y coherente.

-          Norte de África
Fue la aventura de mayor alcance político y económico, y de mayor impacto sobre la opinión pública. Se inició a raíz de una serie de ataques de los rifeños que desde los 40 desestabilizaban la zona de Ceuta y Melilla, Vélez de la Gomera, Islas Chafarinas e Islas Alhucemas. En 1859 estalló la guerra que, tras varias victorias (Wad-Ras) concluyó con el Tratado de Tetuán de 1860. Por él se delimitó Ceuta y se reconoció la posesión española de Melilla, Alhucemas y Vélez de la Gomera, además de conseguir una indemnización de 400 millones de reales.
No obstante, las ventajas materiales fueron poco importantes. Eso sí, satisfizo el orgullo nacional español. En el siglo XX tuvo su importancia no sólo por los conflictos que allí se generaron, sino porque en esta zona se ejercitó un tipo de militares, los militares africanistas, tan importantes para el desarrollo político del XX.

-          Santo Domingo
Santo Domingo, independiente desde 1844, decidió unilateralmente unirse a España en 1861 a causa de amenazas de Haití, Estados Unidos y de los conflictos internos. Sin embargo, la situación no era rentable (las presiones de Haití, Estados Unidos y el conflicto  independentista desde 1863) y Narváez abandonó el proyecto en 1865.

-          México
Las medidas del gobierno mexicano (Benito Juárez) provocaron conflictos internos que perjudicaron los intereses extranjeros porque México no pagaba las deudas exteriores. En 1861 Francia, Gran Bretaña y España decidieron intervenir. Francia propuso establecer una monarquía en la persona del archiduque Maximiliano de Austria. México aceptó, pero Maximiliano duró poco.

-          Cochinchina
Se intervino en la zona a causa del asesinato de unos obispos y misioneros españoles. El conflicto acabó con un pacto entre Francia y España y el Rey de Annam en 1862, por el que las conquistas territoriales se cedieron a los franceses. Es ésta la base del imperio francés en el Sudeste asiático.


-          Ex colonias sudamericanas (Perú, Chile y Ecuador)
Estalló la Guerra del Pacífico contra Perú, Chile y Ecuador (1863-1866) a causa de la intensificación de las relaciones británicas allí. 
Como consecuencia de toda esta política no se logró (excepto la remodelación de Ceuta), un incremento aceptable de territorios coloniales, ni de prestigio internacional aunque sí hubo más estabilidad interior.


- La crisis de la Unión Liberal.

La Unión Liberal entró en crisis cuando, tras un período que era demasiado largo para la costumbre de la época, los progresistas, sobre todo Prim, se negaron a establecer una especie de turnismo y se retrajeron. Es decir, se negaron a participar en las elecciones, aunque no renunciaron al poder. La única forma de conseguirlo sin contar con la designación de la reina era forzarla a un cambio de Gobierno.
Como consecuencia, la reina tuvo que volver a llamar a los moderados y el sistema político se corrompió.




6- La crisis del moderantismo:

El régimen moderado entró en crisis por varias causas: en primer lugar, su política ya no tenía sentido; en segundo, aparecieron nuevas ideas políticas más a la izquierda, que se extendieron con facilidad gracias al ferrocarril y al telégrafo. Así, desde principios de los 60, aparecieron movimientos de oposición de carácter popular que desbordaron completamente a los políticos doctrinarios moderados.
El primero de ellos tuvo lugar en 1865 en la Noche de San Daniel. Surgió cuando el gobierno decidió vender parte de los bienes del Patrimonio Real, como unas joyas de la reina, cediendo el 75% de las ventas al Patrimonio Público y el 25% restante a Isabel II. Castelar, catedrático de la Universidad denunció que el patrimonio real era Patrimonio Nacional, y que la reina no podía quedarse con parte del producto de la venta de esos bienes.  Por ello fue expulsado de la Universidad.
Ante esto, muchos profesores y alumnos le apoyaron y se concentraron en la Puerta del Sol, hecho aprovechado por algunos revoltosos. La Guardia Civil cargó contra los manifestantes y se excedió. Narváez dimitió.
Le sustituyó O´Donnell pero éste, pese a intentar atraer a los progresistas con medidas como la ley electoral de 1865, más abierta, o el sistema de elección por provincias, como el de la ley electoral de 1837, no pudo evitar que estallaran diferentes insurrecciones. Entre ellas destacaron la de 1866, en que Prim y otros militares se levantaron en Aranjuez, o la Cuartelada de San Gil del general Pierrad, de ideología demócrata. Poco después dimitió también y Narváez volvió al poder en 1866.
Durante su gobierno se publicaron varios decretos que acentuaban la represión, como la supresión de las garantías constitucionales, la organización de los ayuntamientos de una forma mucho más centralista, la depuración de funcionarios de 1866, o los dos decretos sobre imprenta y orden público, que terminaban por cerrar el régimen.
En ese 1866 se firmó el Pacto de Ostende, una alianza entre progresistas y demócratas para derribar a Isabel II y convocar una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal que decidiría el tipo de régimen.

En 1867 estallaron más pronunciamientos militares que fracasaron, pero el sistema estaba ya a punto de caer. O´Donnell falleció en 1867 y la jefatura de la Unión Liberal pasó a Serrano, que se unió al Pacto de Ostende. Por tanto, la monarquía isabelina sólo se apoyaba ya en los moderados de Narváez. Pero éste murió y a Isabel II ya no le quedaban apoyos. Era la hora de la Revolución. La era isabelina había concluido.

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